La Oficina
Uno de los edificios que sobrevivió al bombardeo albergaba la sede de una empresa de recambios y piezas de coche. El edificio, de seis plantas, estaba orientado al río, uno de los principales puntos de referencia que los bombarderos utilizaron para localizar sus objetivos y establecer las rutas de ataque.
Por pura suerte, el edificio permaneció prácticamente intacto en medio de la destrucción de la ciudad. Los daños se limitaron a una pared de la fachada sur y la pérdida de todos los cristales de las ventanas.
Por un azar del destino, las dos secretarias y los cuatro empleados que estaban en el edificio la primera noche de los bombardeos sobrevivieron al ataque.
Al día siguiente, en shock, los seis trabajadores se perdieron entre las muchedumbres asustadas que vagaban por la ciudad en ruinas, cubiertos de polvo de cemento y hollín. Al caer la noche, uno de los trabjadores moría por la pérdida de sangre: Había estado junto a una de las ventanas del tercer piso cuando la bomba que destrozó los cristales explotó en la calle.
Los cinco supervivientes pasaron la noche al raso.
Y, al día siguiente, se levantaron y se dirigieron, por inercia, al edificio de seis plantas que se alzaba junto al río.
Sin tener muy claro el motivo, ficharon en la entrada, aunque la máquina estaba rota y no había suministro eléctrico. Ocuparon sus puestos en medio de la oficina desolada, pasando entre los supervivientes que se refugiaban en la planta baja. De forma repetitiva realizaron sus labores con las máquinas de escribir rotas, rebuscando papeles en medio de la desolación.
Cada día, cubiertos de sangre seca y polvo, salían a la puesta del sol del edificio. Dormían a la intemperie sobre los restos de lo que habían sido sus casas. Regresaban a primera hora de la mañana para fichar n aquella máquina estropeada y ocupaban sus puestos.
Cuando llegaron las Autoridades para organizar la evacuación y los campamentos, eligieron el edifio de oficinas como sede de su cuartel general. Al encontrarse con los trabajadores, trataron de rehubicarlos en campamentos y alojarlos en los alrededores. A la mañana siguiente, el primero de los trabajadores que intentó entrar en el edificio fue retenido por la Policía Militar. Tras un pequeño altercado, el oficial al cargo decidió dejar que los cinco trabajadores siguieran acudiendo a sus puestos de trabajo.
Día tras día, en medio de la ciudad destruida. seguían acudiendo a trabajo.







